jueves, 18 de octubre de 2012

PULSO SINDICAL Nº 166 DEL 08 AL 14 DE OCTUBRE DE 2012

Nos han preguntado si es válido participar en el proceso electoral, concretamente en estas elecciones de octubre 2012, para elegir concejales y alcaldes.
Como organización sindical promovemos la participación de los trabajadores, les llamamos a tomar conciencia de su rol social, por lo que la respuesta debería ser afirmativa. Sin embargo estaríamos siendo ambiguos si solo respondemos esto.
Nos asiste la obligación de decir que históricamente los detentadores del poder – el capital en sus diversas expresiones -  han difundido la idea de que la democracia se construye con la participación de todos, aunque es claro que por democracia entienden solo que el rol de los ciudadanos es elegir a sus representantes en las diversas instancias, para que sean estos en definitiva quienes resuelvan lo que se hace.
Y así nos hemos pasado decenios, y siglos incluso, en que algunos en nombre de todos resuelven sobre las leyes y el quehacer de un país.
Se da la paradoja que quienes fueron los que eligieron, cada día ven con mas impotencia que poco o nada de lo que se les ha ofrecido fue hecho ley por los elegidos.
Por eso, y a riesgo de extendernos, vamos a tratar de dar mas luces para una correcta toma de decisiones..
Lo primero es que se trata de una decisión de carácter personal, un momento en el que el potencial elector decide si concurre o no al lugar que se le ha asignado a emitir su voto.
En esta ocasión, y desde ahora en adelante, este derecho consagrado será voluntario, o sea el ciudadano puede resolver asistir o no a emitir su voto, ya  que no será sancionado.
 

Como el descontento con los que postulan candidatos es tan grande, muchos piensan que no vale la pena ir a votar.
Desde este punto de vista tienen razón los que no van a votar y también la tienen los que anulan o dejan el voto en blanco.
A fin de cuentas y como ya ha sucedido otras veces, pasado el proceso los municipios seguirán instalando las maquinitas para ejercicios, arreglando alguna plaza o pavimentando calles y explotando juegos de artificio en fechas definidas como significativas. Más pan y más circo para el pueblo.
Hasta ahora, esta ha demostrado ser la receta perfecta y la aplican sin asco moros y cristianos.
Lo grueso, lo que si interesa a la población, se mantendrá mas o menos igual. Basura en las calles, robos y asaltos a cualquier hora del día, empleos mal remunerados, problemas en la locomoción y un extenso etcétera de incumplimientos, conocidos por todos pero no por eso resueltos.

Podría pensarse entonces que acudir a votar, ser parte activa del proceso, es la solución. Tal apreciación tampoco es correcta si usted es uno de esos miles que se conforman con marcar una preferencia y se sientan a esperar las soluciones, o a lo mas vocifera en alguna manifestación, para luego vivir la vida que está viviendo sin tomarse la molestia de transformar su enojo y descontento en acción.

Si solo emite el voto, tampoco habrá cambios mayores, y las cosas seguirán como están.

Entonces da lo mismo votar o no?

Da lo mismo si usted ya decidió ser actor pasivo, si solo trabaja para comer y pagar sus deudas y le importa un carajo lo que pasa en su comuna, ciudad o país.
Da lo mismo si espera sentado a que otros reclamen, protesten y exijan soluciones.
Da lo mismo si sigue creyendo que este o esta, el otro o la otra, aquel o aquella que le sonríe desde el letrerito o letrerote puesto por todas partes, cumplirá con lo que promete.
Siempre dará lo mismo, hasta que nos demos cuenta que de nadie mas que nosotros depende que las cosas sean diferentes.

Si la opción es no votar, se debe trabajar con fuerzas para avanzar en la elaboración del proyecto, de la propuesta, que por una vía contraria a la del sufragio permita instalar el poder popular y desde allí cambiar las estructuras de explotación que permanecen intactas.

Si se opta por votar, debe hacerse desde la perspectiva de cambiar el mecanismo impuesto por uno diferente, de participación efectiva. Se trata es de llegar a entender que tenemos que construir una gran mayoría activa, con todos los descontentos del sistema. Un nuevo camino en el que son necesarias todas las manos.
Entender que a aquellos que se elige deben ser controlados por los elegidos, exigirles cuentas periódicas y si no cumplen, repudiarlos sin asco en la próxima contienda electoral.
Esto mientras vamos entendiendo que los que somos pueblo tenemos aspiraciones diferentes de los que son capital.
Partiremos construyendo desde nuestros lugares de trabajo, eligiendo a los mejores con la participación de todos, lo que nos obliga a entender que mientras seamos pocos los que participamos en la organización, por muy ganados que estemos seguiremos siendo minoría y no incidiremos.
La tarea primaria es que todos los abusados deben estar organizados, pues con esa organización se ganará la primera y gran batalla. La confrontación con el capital en el lugar de trabajo.
Cuando lleguemos a concluir esta titánica tarea, estaremos listos para construir una gran organización que se confrontará con el Estado y con las estructuras de la patronal, organización de los explotados que pondrá sobre la mesa las demandas de estos, demandas que podrá concretar porque serán millones los que las sostienen.

Con este mismo ejercicio de construcción se debe dar la pelea por el poder comunal. Será desde estos mismos sectores de trabajadores organizados, que son pobladores, que son padres y apoderados, que son allegados, que son pueblo en definitiva, desde donde emergerán los candidatos y luego los alcaldes y concejales encargados de dotar a los municipios de planes y proyectos, que vayan en beneficio de todos los ciudadanos de una u otra comuna.
Este mismo ejercicio nos llevará a disputar con éxito los cupos parlamentarios, en los que efectivamente esté representado el pueblo.

La decisión de votar o no votar es individual, propia de cada uno. Lo que si debe estar claro es que todo seguirá como siempre ha estado si nosotros, los electores, no definimos el camino a seguir.  Y la decisión se toma ahora.


MANUEL AHUMADA LILLO
Presidente C.G.T. CHILE

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