
No
es una frase cliché esa de que “a todos nos llega la hora”. Es una
dolorosa certeza, cuyo peso logramos percibir solo cuando nos toca. Y
siempre que lo vivimos nos desarma, dejándonos sin reacción por algún
tiempo. Por eso la demora de este Pulso.
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La vida de los sindicalistas es dura.